Calcio Storico Fiorentino: Tradición y lucha en la arena

Desfile Calcio Storico
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Existe en Florencia una tradición única en el mundo. Se dice que procede del siglo XVI pero en realidad parece que el futbol original nació realmente aquí como “Harpastum” con el  el Imperio Romano y aunque estuvo abandonada durante dos siglos, desde 1930, cada año durante tres días cuatro equipos de 27 jugadores se enfrentan en un campeonato que no se celebra en ningún otro lugar. Los cuatro equipos de Santa Croce / Azzurri (azules), Santa Maria Novella / Rossi (rojos) , Santo Spirito / Bianchi (blancos) y San Giovanni / Verdi (verdes) juegan dos semifinales y una final en la Piazza Santa Croce, esta última el día de San Juan (patrón de la ciudad). Cuatro barrios, cuatro iglesias de la ciudad y un bando ganador.

El juego permite el uso de pies y manos. Es un juego pero también una lucha. Sería fácil juzgarlo como una brutalidad si se mira solo en la superficie. Pero lo cierto es que es mucho más. Hay algo ritual y casi espiritual en la manera en que estos hombres se preparan y afrontan el torneo.

Calcio Storico juegoGente ruda pero de tradición que siente el Calcio Storico como una parte de su vida, la de la ciudad y la de su familia. Un juego, un combate y una cultura que son herencia de la más profunda tradición florentina, sus costumbres y sus antiguos juegos en los que incluso participaba la Corte. Al torneo le precede un famoso y esperado desfile donde los músicos y portadores de estandartes de los equipos visten ropas militares del siglo XVI. Los jugadores marchan también portando pantalón similar al de la época, pero camisetas actuales. Una de las pocas cosas que se han modificado desde su origen. Caminan orgullos, triunfantes, entre los vítores de todo el público que acude año tras año al festejo.

Es una lucha encarnizada por ganar. Casi sin reglas más allá de la distribución de los jugadores sobre la arena, el objetivo de llevar la pelota al final del campo contrario, el cambio de campo con cada punto y los cincuenta minutos de juego. No hay cambios permitidos por lesión en un campeonato donde los jugadores ni siquiera reciben una copa ni un premio en metálico. Tradicionalmente recibían una Chianina, un tipo de vaca. Juegan por honor, por la experiencia y por la victoria, por defender los colores de su equipo y su barrio.

Confiesan algunos que tienen miedo y otros que eso es precisamente lo que les impulsa a jugar. Otros cuentan como han jugado durante años y ahora están orgullosos de ver jugar a su hijo. Lo que es seguro es que Florencia se vuelca ante el evento. Es el día del torneo.

El Calcio Storico es sin duda algo único, una curiosidad histórica (no solo deportiva) que mantiene una antigua y noble costumbre viva en la ciudad italiana. Personalmente imagino ahí el escenario perfecto para una novela increíble ¿no?. Es decir: Florencia, el poder de los Medici, una ciudad volcada en un evento durante tres días pero dividida en cuatro hinchadas, una lucha encarnizada en la arena, orgullo, honor, tradición…

Si se quiere conocer más, el Calcio Storico Florentino tiene su propia web,  pero recomiendo encarecidamente ver el documental de David Airob y David Ramos titulado “Calcio Storico” con montaje y música de José Bautista . No puedo poner el video embebido directamente por expresa indicación de los autores en Vimeo, pero está colgado íntegramente allí y el visionado es completamente gratuito. Es un documental (en italino y subtitulado) de solo diez minutos , pero han conseguido adentrarse hasta la cocina en el mundo de estos luchadores. En sus casas, sus vesturios y los más dificil, sus corazones, logrando imágenes y declaraciones que permiten conocer todo lo que hay más allá del propio torneo. O quizá no más allá, sino precisamente lo que lo mantiene vivo y hace que tanto tiempo después siga siendo algo tan sentido arraigado en la vida florentina.

Documental “Calcio Storico”: https://vimeo.com/kansei/calciostorico-es

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Elegir y renunciar

Creo que lo más complicado en la toma de decisiones a menudo no es valorar las posibles consecuencias. Está claro que es parte del proceso,  pero una vez sopesadas, ¿Qué es lo que nos frena?¿Qué dilata el proceso de decisión llegando a veces a la “parálisis por análisis”?. En mi opinión la necesidad de renuncia.

El problema muchas veces no es tomar un camino, es renunciar al conocimiento del destino al que nos habrían llevado las otras vías.  Porque como en la paradoja del Gato de Schrödinger, mientras no tomamos la decisión, mientras nos dedicamos solo a esperar sin intervención alguna, todas las opciones parecen existir a la vez. Sin embargo, en el caso de la toma de decisiones, en realidad no tenemos ninguna de ellas. Esto para mí es algo clave de entender, algo que trato de recordarme cada vez que me sorprendo a mí mismo atrapado sin poder tirar hacia un lado u otro, cada vez que me doy cuenta de que no estoy siendo capaz de optar por un proyecto u otro, de emprender o no una aventura, de pasar o no a la acción, de planificar de una u otra manera y en definitiva de dejar o no dejar algo.

Esa es la cuestión, siempre hemos de dejar, renunciar. Pero es así también que se lleva a cabo parte del proceso de maduración de la persona, aprendiendo a ser capaz de dejar atrás. Avanzar es caminar hacia adelante, dejando parte del mundo atrás.  Por tanto, la renuncia a las opciones que no tomamos no deben ser vistas como una pérdida, sino como un avance. Son parte del lastre que es necesario soltar. No podemos avanzar nunca en todas direcciones, así que, una vez se opta por un camino, lo mejor es cortar por completo las cuerdas que nos atan a las otras vías y mirar al frente. Cada quien escribe su historia a través de sus decisiones y por ende, a través también de aquellas opciones que decide no tomar.

Yo me encuentro ahora en el terreno de mi planificación personal en época de cambios y replanificaciones y tengo que tomar varias decisiones que me guien de aquí a la siguiente mitad del año, así que ando en medio de ese proceso. Decidir, en este caso, dentro de las horas que me quedan para poder hacer algunas cosas que me gustan fuera del horario laboral, a qué voy a dedicar mis esfuerzos de aprendizaje, colaboración e investigación y por tanto y casi más importante para decidir … a qué no.

Arte, fusión y música: Beirut Jam Sessions

Quiero enseñarte una web con la que me topé hace unos días, para mi una cajita llena de auténticas joyas musicales. Se trata de Beirut Jam Sessions.

El planteamiento es en esencia sencillo. Es un proyecto a caballo entre Beirut y Paris. Mezclan artistas internacionales con grupos de Beirut y trabajan con ambos. Pero hay algo que es lo que originalmente me llamó la atención, y son sus videos de Jam Sessions. Cogen a esos artistas y los ponen a tocar en formato muy básico y en escenarios que son rincones insospechados por toda la ciudad.

Y el resultado es alucinante. Tanto por el clima que se genera y se respira en las versiones, como por el video. Pequeñas obras de arte de unos pocos minutos para disfrutar. Fusión, cultura en formato músical y visual.

Para muestra de calidad y variedad dejo un par de botones. El primero una versión con solo trompeta y guitarra de un tema del propio Ibrahim Maalouf, un artista libanés afincado en Francia que me tiene alucinado hace meses. El segundo un blues con The Wanton Bishops, un grupo de rock libanés con un sonido que si uno cierra los ojos podría estar grabado junto al Mississippi pero se grabó en medio de un edificio abandonado en la capital de El Líbano.

 

Ibrahim Maalouf: True Sorry.

The Wanton Bishops: Bad Rhyme.

Foto: Creative Commons por Ted Swedenburg

Demasiado corazón

Cantaba Willy DeVille allá por 1983 “Demasiado corazón”. El título me viene ahora a la cabeza porque tiene relación con algo que ha cambiado en mi vida recientemente.

Hace unos dos meses fuí al médico simplemente porque había pasado una mala noche, sin más detalles, por lo que luego supe que había sido un virus y aproveché para comentar a la doctora un par de síntomas que venía sintiendo hacía un tiempo. Nada demasiado grave, pero sí presión en el pecho, en el corazón concretamente al despertar y durante el día una sensación similar a las taquicardias. A ratos, el corazón parece ir no más rápido, pero si más fuerte a oleadas. No es cuestión ahora de extenderme con todos los detalles.

El caso es que con lo que comenté y lo que escuchó al auscultarme, pareció buena idea hacerme un electro, que según parece, resultó tener algún pico fuera de lo habitual.  Diagnóstico en un primer momento:

Diría que tienes un soplo, que puede no ser nada pero quiero contrastarlo. Y hay picos en el electro que no me gustan. Quiero que te vea un cardiólogo. Además, prohibidos todo tipo de excitantes y por tanto cafeína, teína y demás. Parece que lo que sí tienes, seguramente, es un problema serio de cansancio y estés.

Tortazo de realidad. No me quiero poner intenso, no es que pensara que iba a morir ni nada parecido, pero a veces estos susto te ponen en tu sitio, los pies en el suelo, la verdadera situación de frente.

Lo del café y el té lo hice de golpe, desde el primer día. Ha sido algo jorobado el sueño después de comer o un primer café por la mañana, pero cómo recortar el estrés fue un poco más duro de averiguar y conseguir.

Le dí vueltas un par de días y pensaba que tampoco soy un tio con una vida super intensa ¿no?. Es decir, padre de familia con dos hijos, programador, trabajo estable con una jornada normal y una vida bastante estándar a día de hoy.  Pero escarbando un poco me doy cuenta de que llevo más de tres años sin parar.

Primero llegó la época en que casi no dormía y estudiaba todo el día porque estaba formándome para ser programador, pero no supe o no pude echar el freno al conseguirlo. Durante mucho tiempo, y esto da para varias entradas, tuve la sensación de que aún no me lo había ganado, así que seguía con un ritmo un poco loco: trabajar de día unido a ejercer de padre de un niño pequeño y estudiar de noche para seguir formándome. Después rebajé un poco las horas de estudio pero llegaron los cursos como profesor, los hangouts de #LinuxIO y algún proyecto fuera del trabajo. Más tarde frené un poco, pero solo para seguir con los proyectos y meterme más que de cabeza en mis labores como colaborador en Mozilla Hispano. Y todo mientras llegaba el segundo hijo y sin querer renunciar, por suerte, a mi papel como padre. Prioridad número uno para mí desde el primer día.

Al final si uno echa la cuenta lo cierto es que los números no salen de manera muy natural así que, ahora lo veo claro, he hecho casi todo esto robándome a mí mismo hasta el último momento de tiempo libre, muchas horas al sueño, arañando minutos y solapando tareas de manera insana. No me quejo. Nadie me ha obligado y he disfrutado haciéndolo. Sin embargo me doy cuenta ahora de que no es sostenible y yo soy un bruto por no saber verlo y solo ser capaz de aprender a base de cabezazos.

Durante estos cerca de dos meses he levantado mucho el pie del acelerador. Mis compañeros en Mozilla Hispano entendieron perfectamente mi necesidad de echarme a un lado, al menos de manera temporal hasta estar recuperado y poder pensar en qué hacer después. He renunciado a varios proyectos y he sido muy insistente conmigo mismo para conseguir respetar mis horas de descanso. Me ha costado grandes esfuerzos desestresar, aprender a decir que no a muchas cosas por necesidad. Parece una tontería y no es que haya sido una esperiencia vital reveladora, pero cambiar de hábitos exige un montón de pequeños esfuerzos en el día a día para respetarte más a ti mismo. No es tan facil dejar de atender a la inercia. Porque la inercia implica en los cuerpos no modificar su estado de reposo o movimiento si no es por la acción de una fuerza. Y mi fuerza ha sido el susto.

El diagnóstico final del cardiólogo es que no solo no tengo soplo alguno sino que tengo un corazón fuerte de persona joven que hace deporte. Eso sí, parece por tanto que, según dicen, se confirma que aquellos sintomas que arrancaron el susto se debían a estrés y sobrecarga. Yo me quedo con el aprendizaje y voy a tomarme esto como un segundo aviso de que hay que girar el timón hacia donde lo estoy haciendo. Tomo la depresión que ya superé como el primero. Es hora de ver que en algunas cosas he puesto sin darme cuenta, porque no he sabido dosificar de otra manera, demasiado corazón y se lo he robado a aprenderme a mi mismo durante un tiempo.

Ahora sí, lo siento pero no hay vuelta atrás. Demasiado tiempo desatendiéndome a mi mismo. No significa que no volveré a colaborar con nadie o que jamás programaré fuera del trabajo, tampoco voy a engañarme a mi mismo, me implico con las cosas que me motivan y me importan. Significa que toca cambio de ritmo. No soy un viejo pero tampoco tengo veinte ni mis responsabilidades son las mismas. Algo fácil de entender pero dificl de asimilar.  Me lo debo, nos lo debo. A mí, mis amigos, mi familia y mi comunidad. Lo que quiera que todo ello signifique.

Y si, al final parece que me he puesto intenso hablando del tema. A ver si es que ahora me estoy tomando a mi mismo demasiado en serio.

Barriendo las hojas secas: La revolución productiva

Pasados otoño e invierno se acaba el momento de barrer las hojas secas. Terminados los tiempos oscuros, llega el momento de construir y vivir la nueva primavera. Pero barrer las hojas secas para dejar nacer lo nuevo es eliminar también lo que ya no sirve, las teorías y formas que ya no aplican. Y esto último puede pasarle a menudo a quien suela estar al día de lo que suelen plantear e investigar mis amigos de Las indias. Siendo parte de sus conversaciones he podido ratificar cosas que ya pensaba pero no pocas veces descubrir puntos de vista que me han abierto a veces los ojos en algunos temas.

No es nuevo ni hace siquiera falta comentar que algo no funciona en cómo movemos la industria y la economía si antendemos a la crisis económica que vivimos. Habrá quien diga que tal como el sistema está montado, no hay muchas vueltas que darle, que poco se puede hacer más que agarrarse a alguna tabla para seguir a flote. Pero no es lo mismo que piensan muchos otros y Natalia Fernandez plantea en esta charla TEDx mucho más que una teoría: una revolución productiva.

Doce minutos de aprendizaje y disfrute.