A 10k . El día que corrí contra el demonio

Hoy, 19 de Octubre de 2014 lo recordaré como “El día que corrí contra el demonio” … y gané.

Del porqué y del cómo

Durante los tres últimos meses, mucha gente me ha preguntado porqué me he vuelto loco a entrenar, porqué he pasado de no hacer nada de deporte a entrenar como un animal y vivir pendiente de ello. Estos tres meses han sido una lucha por cerrar un círculo y conseguir un sueño. Pero sobre todo por vencer un demonio que la mayoría de las personas, incluso de mi círculo más cercano ni siquiera sabía que me acompañaba. No voy a poder en una sola entrada explicarlo todo, pero aquí va un poco del porqué y algo del cómo.

Llegó la hora de dejarlo claro. ¿De qué hablo cuando hablo del “demonio”?. Seamos sinceros, hablo de depresión. De un trastorno de depresión y ansiedad que me ha llevado a los infiernos y contra el que he luchado con uñas y dientes los últimos tres años. No es tiempo ahora de explicar con detalle lo que significa, pero básicamente es dolor y sentirse muerto en vida. Oculto además tras la preocupación por contarlo y por la lacra que supone expresarlo en público. He pasado cada día con las fuerzas justas para que nadie se dé cuenta y poder hacer eso que llaman “vida normal¨.

Terapias, médicos, medicación, conversaciones … todo encaminado a repararlo pero todo , al menos para mi, sin solución final. Un cúmulo de altibajos, una situación vital insostenible que te puede costar la familia, el trabajo y para que engañarnos, hasta la vida.

Pero hace tres meses, en medio de lo que yo creía que era ya una buena época, cuando parecía que empezaba a superarlo, llegó una recaída muy fuerte y por primera vez, además de dolor sentí mucho miedo. Desperté una mañana con la sensación de que si todo terminaba, me daba igual con tal de dejar de sufrir. Y eso me asustó, mucho. Fue entonces cuando decidí que había que darle la vuelta a todo. No sabía qué más hacer así que quise darme una última oportunidad. Tomar un camino de no retorno, sin posibilidad de error, sin la opción de no conseguirlo. Había llegado la hora de dejar de huir del demonio y plantarle cara. Retarle a muerte y ganar.

Encontrando la manera

Sabía que la única manera era un cambio total, algo que realmente supusiese un reto para mi, un reto que inundase toda mi vida y me obligase a cambiar de manera radical. Estar concentrado en eso y saber que para lograrlo era necesario cambiar todos mis esquemas. ¿Pero qué?.

Hacía tiempo había leído el libro de Josef Ajram “No sé dónde está el límite, pero si sé dónde no está”. Me había parecido increíblemente motivador, pero un reto deportivo me sonaba inalcanzable. Sin embargo la filosofía de retarme a mí mismo, de buscar más allá de mis límites, me hizo querer intentarlo.

Decidido. Me di un plazo de 100 días para que fuese algo que pudiese medir. A medio plazo. Difícil pero no imposible.

¿Cómo te preparas tu primer reto deportivo si no has hecho nunca deporte?. ¿Qué prueba es adecuada, más allá de lo que puedas leer en un blog o te comente un amigo?. ¿Cómo haces eso tu, que no sabes, sin destrozarte ni quedarte por el camino?.

Es ahí donde contacté con la que se ha convertido en mi hada madrina durante todo este proceso. Mercè Sanjuan de “Where is the limit?” es la persona que consiguió hacer que esta necesidad vital se convirtiera en un verdadero reto deportivo en condiciones. Es increíble lo que una persona que no te conoce puede volcarse en ayudarte si eres sincero y le abres tu corazón. Con Mercè fui a saco. Le conté exactamente cual era mi historia, sin vergüenzas ni tapujos y le pedí ayuda. Ella no tardó en devolverme el mensaje y hacerse partícipe de principio a fin de mi propia aventura. Te debo mucho Mercè, lo sabes y lo sé. Pero quiero que a todo el mundo le quede claro.

Mercé tuvo claro que diez kilómetros era lo correcto y al ponernos a buscar prueba concreta, encontré la web de la TUI Marathon aquí en Palma. El día que encontré la prueba quedaban exactamente 90 días para la carrera. Blanco y en botella. ¿No?.

Y gracias a Mercè, que demostró una implicación que aún no me explico, empezó a tomar forma lo que se convirtió en un auténtico trabajo de equipo. Ahora entiendo cuando los profesionales dicen que la victoria no es solo suya, sino en gran parte de todo el mundo que hay detrás.

Dream team

Mercè me ha ayudado, aconsejado y aguantado muchas de mis neuras, pero hemos trabajado varias personas para vencer al demonio, no solo el día de la carrera, sino en el día a día.

Contacté con Andrea Ferrandis de Sanus Vitae porque tenía claro que también necesitaba cambiar mi alimentación y la verdad, bajar de peso. Y Andrea, ha hecho un trabajo increíble conmigo por internet y he conseguido con su ayuda perder casi ocho kilos. Quiero darte también las gracias, Andrea, otra parte de la victoria es también tuya por aguantar mis dudas, mis semanas de desparrame y mi incredulidad.

Y por supuesto hay alguien que me ha ayudado a planificar todos y cada uno de los entrenamientos. Miriam García, que apareció gracias a Mercè. Alucinante el trabajo de Miriam. Ella ha sido mucho más que una entrenadora. Ha sido “coach” que es casi más importante. Miriam y Mercè creyeron en mí desde el primer día mucho más que yo mismo. En cada momento de duda, en cada bajón, en cada día con dolores, enfermo o sin tiempo, Miriam no dudó que lo conseguiría y me llevó por ese camino.

Miriam ha sabido llevarme en progresión de manera increíble, de verdad. Yo mismo iba alucinando con las mejoras. Ella me enseñó a no hacer el animal, a no correr cada día y saber descansar. Mi entrenadora me ha enseñado que no se corre solo con las piernas y me ha hecho salir a correr, por supuesto, pero también ir al gimnasio, a Spinning (si, es la muerte, lo sé), a nadar, a hacer abdominales… etc. Cinco días de entrenamiento a la semana. Si lo hacíamos, iba a ser a lo grande. Y así ha sido. Tres meses de trabajo. Más de 270 kilómetros acumulados de entrenamiento.

Quiero darte las gracias también de manera muy especial, sin ti me hubiese roto. Hubiese salido a correr hasta reventar y te puedo asegurar que habría terminado lesionado y abandonando.

Y mi equipo más especial, Esther y mis dos hijos, Teo y Jon. Ellos han sido los que han aguantado los cambios de horario de papá, llegar a las tantas de correr…etc. Pero también los que han ido disfrutando conmigo el día a día de las mejoras. Sin vosotros creo que ni siquiera lo habría intentado.

El día a día

Para una persona que no está acostumbrada a la disciplina del deporte, esto es lo más duro. Reunir fuerzas en el día a día para salir a entrenar. Y ahora puedo decir con total seguridad, que es ahí donde se produce el cambio. Donde se forja la voluntad que me ha hecho conseguirlo y salir victorioso.

No te vuelves más fuerte solo por tener las piernas más duras. No tienes más aguante porque eres capaz de correr cada vez más tiempo. Ni superas el miedo por correr más rápido. Es verdad que el deporte y la disciplina me han hecho más fuerte y me han salvado la vida, pero no por eso.

Te vuelves fuerte porque te superas el día que vas al gimnasio aunque has tenido un día de mierda y son ya las diez de la noche. A mitad de la clase de spinning te duele todo y estás cansado y enfadado pero no abandonas. Eso te da fuerzas.

Desarrollas resistencia porque aprendes a medir tus fuerzas el día que hace calor y te quedan todavía 5km por correr cuando empiezas a tener ganas de caminar y volverte a casa. Ese día decides seguir, aunque sea despacio pero no rendirte y ahí te das cuenta de que sí podías. Era solo tu cabeza la que decía que no, como tantas otras veces que te ha engañado.

Confías en ti mismo porque ves el reto cada vez más cerca y las posibilidades de lograrlo cada vez más numerosas.

Te reafirmas cuando todo el mundo te pregunta si no es duro estar a dieta y tu respondes: No, porque es solo una cuestión de ser consecuente con lo que quiero y he decidido.

Sonrisas y lágrimas

No todo ha sido bonito ni cabe en esta entrada. He sufrido mucho, muchos días me he despertado con dolores fuertes por todo el cuerpo, preguntándome si merecía la pena.

He llorado de nervios, de agobio pensando que no lo lograría…

Salir a entrenar con lluvia, con calor, con poco tiempo porque has salido tarde o seguir cuando te apetece solo descansar es duro, pero es el único camino. La derrota esta vez no entraba en mis esquemas. No podía no lograrlo, por muchas dudas que tuviera.

Me han dolido las piernas, los pies, el pecho, los brazos y el alma. Pero decidí ver el dolor solo como parte del proceso. Un mal necesario para conseguir la victoria. Nos hemos acostumbrado a que todo lo que hacemos nos tiene que gustar y no es así. A veces las cosas que disfrutas, implican partes que no. Y esta es una de ellas.

Si, el deporte duele a veces, pero también te recuerda que estás mejorando y algo que para mí era importante. Te recuerda que estás cambiando y estás vivo.

Y llegó el día

Por fin, no sin ciertas dificultades de salud en las últimas semanas, llegó el día.

Muchos nervios, dudas, pero también la certeza de que es la batalla final. De verdad que hoy he sentido al diablo reir a mi lado antes de tomar la salida. Lo he sentido en algunas cuestas tratando de hacerme bajar el ritmo o en los momentos de flaqueza creyéndose victorioso.

Te aseguro que hoy ha luchado fuerte para que yo no me saliera con la mía. Me ha traído ataques de tos, momentos tensos de posible caída entre el mogollón de gente. Se ha preocupado bien de que hiciese calor y de que cerca del km 4,600 me entrara la duda de si había apretado demasiado y no iba a llegar.

Lo ha intentando muchas veces hoy. Lo ha intentado muchas veces durante estos tres meses. Pero a la vez que yo me hacía fuerte, el no quería aceptar que se hacía más débil. Se veía confiado y no sabía que la había cagado el día que aceptó el reto de correr el uno contra el otro.

En el momento justo antes de tomar la salida cerré los ojos en medio del jaleo, la música y las palmas. Visualicé los tres meses de esfuerzo, recordé que no me había rendido ni un solo de los días de entrenamiento ni me había saltado ni uno. Recordé los días que me había emocionado al verme a mi mismo entrenando bien. Me acordé de mi chica y mis hijos. De cómo ellos me han visto mejorar y estar cada día un poco mejor.

Lo que no sabía el demonio, y creo que yo tampoco, es que en el momento que abrí los ojos, ya le había ganado la carrera.

Pero aun así corrí. Corrí mejor que ningún día. A pesar del cansancio, del catarro y las dudas corrí concentrado. Corrí controlando las sensaciones como Miriam me ha enseñado. Corrí disfrutando como Mercè tantas veces me ha insistido. Fueron cayendo los kilómetros y me sentía fuerte, corría en casa, por calles conocidas, recorriéndolas de otra manera, pensando solo en conseguirlo. He disfrutado del recorrido, del ambiente, de la organización… ha sido inolvidable.

Y casi al final, a unos doscientos metros de la meta, te encuentras a tu familia animando, te da fuerzas para dar las últimas zancadas pegadas a una sonrisa. Ahí deja de doler el cuerpo y vuelve el aliento. Y llegan las lágrimas.

Pero lo logré. 58 minutos y 11 segundos después de tomar la salida, crucé la meta de mi primer 10k con el dorsal 9072. Lo había logrado.

Confieso que al poco de cruzar la meta me vine abajo. No puede evitar romper a llorar y aún ahora me emociono al escribirlo.Fui hasta mi familia y allí llegaron los abrazos y las felicitaciones. La emoción y el alivio.

Lo conseguimos. Pero antes tuve un momento a solas con el demonio. Nos miramos y hablamos. Reconoció la derrota. Yo reconocí que a pesar del dolor, me ha hecho aprender mucho y me ha vuelto más fuerte. Pero eso sí, ahora sé que nunca lo tendré a menos de 10k de distancia.

¿Y si algún día me engaña y decide volver a atacar?. Hay una diferencia muy importante y él lo sabe. Ahora yo no le tengo miedo. Le he vencido. Le reté y perdió. Perdió en el día a día y perdió la carrera.

Esta entrada es larga, lo sé. Pero no cuenta ni el 5% de todo. Es una confesión, una catarsis y un cabo para que se agarre todo aquel que lo necesite. La escribo para mi, para mi familia que ha pasado conmigo por el infierno, para quienes me han ayudado a conseguirlo, para todos los que no sabían nada y para todos los que querían saber. Pero también para quien pueda sentirse igual, para quien le pueda inspirar, ayudar o dar ideas.

Hay tanto que quisiera contar del proceso, que no sé ni cómo hacerlo. Ya pensaré en algo. De momento ya es mucho por hoy. Dejo mucho de mi corazón aquí, espero que alguien lo sepa aprovechar o al menos entender.

Pablo Bernardo
Pablo Bernardo

Hola, soy Pablo. Soy programador frontend, padre, estudiante de zen y otras cosas. Para saber más, lee algunas entradas.