A la vejez ... tabla

Si le preguntas a alguien qué hace un tío de 34 años con dos hijos aprendiendo a montar en un longboard sin tener experiencia previa, es muy posible que te diga que el ridículo.

Y puede ser, pero lo cierto es que me importa poco.

Me encanta no sólo enseñar cosas a mis hijos y ver cómo aprenden, sino también hacer algo que me hace tener mucha más humildad, que es aprender con ellos. Juntos. Pasando ambos por el mismo proceso. Porque es muy cómodo colocarse en el papel del que ya sabe algo y vé a los otros dar los pasos cuando no saben, pero no es tan sencillo pasar con según qué edad por el mismo proceso que ellos.

Por eso hace más o menos un año, cuando mi hijo Teo dijo que quería aprender a patinar, no pillamos sólo una tabla para él, sino también una para mí. No podemos ir a patinar demasiadas veces, pero cuando podemos es muy divertido ver que me cuesta casi tanto a mí como a Teo.

Y el sábado, que estaba sólo en casa pensé … ¿y si saco la tabla y me voy un rato por el paseo marítimo para practicar?. Por un momento me asaltaron los típicos “¡Qué vergüenza!. A ver si me voy a encontrar a alguien …”. Pero se me pasó rápido. Cuando pasan cosas así trato de pensar en todas la veces en mi vida que he dejado de hacer algo bueno por miedo o vergüenza y me recuerdo que hace un año de me juré dejar atrás todo eso. Así que me calcé las zapatillas, saqué la tabla y además ganarme unas buenas agujetas me pasé una tarde divertidísima con mi patín.

La próxima con Teo.

Pablo Bernardo
Pablo Bernardo

Hola, soy Pablo. Soy programador frontend, padre, estudiante de zen y otras cosas. Para saber más, lee algunas entradas.