Cuando no corres para tí

Según los planes que yo me había marcado al empezar el año, este fin de semana tendría que haber estado en Aranjuez ( Madrid ) para correr la Wings for Life. Pero el azar, el karma y el precio de los billetes a Madrid durante el puente de Mayo quisieron que no pudiera ser.

Por otro lado, está mi amigo Guillem. Lo nombro aquí porque él me ha dado permiso para hacerlo y porque se lo merece. El tio hace un año que le echó valentía a la vida y como me pasó a mi, pero por otras razones, empezó a salir a correr. Poco a poco, paso a paso ha ido superando etapas y haciendo mejoras pero le faltaba un empujón. Alguna vez en estos meses hemos hablado sobre running, que si a ver si algún día corremos, que si a ver cómo lo llevas …

Aquí quiero parar para decir que Guillem me enseñó muchas cosas sin las cuales dudo que yo fuese a día de hoy programador. El fue uno de mis maestros. Pero para mi es más que eso, es un amigo.

El caso es que hace unas semanas, chateando con él le tiré la piedra porque no se atrevía a dar el paso final. Apúntate a una carrera, popular, la que sea y yo correré contigo. No es que yo sea, ningún profesional, ni mucho menos, pero sí que he pasado ya por la experiencia de cumplir un reto, los meses de entrenamientos para conseguirlo, el sabor de llegar a meta y sobre todo el miedo a no lograrlo. Por eso quise ofrecerme a acompañarle para ayudarle a dar el salto.

Unos días después y tras darle mucho la tabarra con que no es importante el ritmo que suela llevar yo o el que pueda llevar él, me envió por chat una imagen que me llenó de ilusión. El cartel de una carrera en Es Pont d’Inca, 8km, se había apuntado. Así que, no tuve la menor duda de que iba a correr con él.

Y así fue, el sábado tuve el gustazo de correr como apoyo, asistencia o como quieras llamarlo de un amigo. Y la experiencia creo que fue de las más bonitas que voy a tener corriendo.  Desde que empecé con esto, siempre he admirado a los voluntarios de las carreras. Especialmente a los que son corredores, pero sacrifican esa carrera por estar repartiendo agua y comida, pendientes de si te pasa algo, marcándote el recorrido, dando ánimos…

El sábado yo me olvidé de mis ritmos, de mis entrenos, mi manera de correr, de si me gustaba o no el recorrido ni nada más. Mi trabajo fue estar paso tras paso al lado de mi amigo y asegurarme de que no desfalleciese con el calor, estuviese hidratado y mantuviese un ritmo adecuado. Ni rápido ni lento, simplemente adecuado a él y que le permitiese acabar el recorrido con alegría. Me encantó poder volcar lo mucho o poco que tu has ido aprendiendo en ayudar a otro, estar pendiente del ritmo pero no para ti. Observar el calor aun sabiendo que tú si vas bien hidratado. Llevar dos botellitas de agua, cuando si fuese para tí, igual habrías tirado hace dos kilometros incluso una sola. En definitva volcar tu carrera en otra persona.

Guillem le echó mucho coraje y lo logró, por supuesto. Me emcioné mucho al verle cruzar la meta. Lo curioso es que era él el que nos daba las gracias a mi y a otros dos amigos que iban con nosotros. Creo que no sabe cuanto aprendí yo con su tesón, con su actitud de decidirse a hacerlo, con su humildad de dejarse ayudar y aconsejar cada minuto de carrera.

Gracias Guillem por haber querido que el fin de semana que iba a correr la Wings for Life, en vez de eso haya podido ser parte de un día tan especial para alguien que se inicia en esto de correr.

Imágen destacada: Creative Commons por Peter Mooney.

Pablo Bernardo
Pablo Bernardo

Hola, soy Pablo. Soy programador frontend, padre, estudiante de zen y otras cosas. Para saber más, lee algunas entradas.