Demasiado corazón

Cantaba Willy DeVille allá por 1983 “Demasiado corazón”. El título me viene ahora a la cabeza porque tiene relación con algo que ha cambiado en mi vida recientemente.

Hace unos dos meses fuí al médico simplemente porque había pasado una mala noche, sin más detalles, por lo que luego supe que había sido un virus y aproveché para comentar a la doctora un par de síntomas que venía sintiendo hacía un tiempo. Nada demasiado grave, pero sí presión en el pecho, en el corazón concretamente al despertar y durante el día una sensación similar a las taquicardias. A ratos, el corazón parece ir no más rápido, pero si más fuerte a oleadas. No es cuestión ahora de extenderme con todos los detalles.

El caso es que con lo que comenté y lo que escuchó al auscultarme, pareció buena idea hacerme un electro, que según parece, resultó tener algún pico fuera de lo habitual.  Diagnóstico en un primer momento:

Diría que tienes un soplo, que puede no ser nada pero quiero contrastarlo. Y hay picos en el electro que no me gustan. Quiero que te vea un cardiólogo. Además, prohibidos todo tipo de excitantes y por tanto cafeína, teína y demás. Parece que lo que sí tienes, seguramente, es un problema serio de cansancio y estés.

Tortazo de realidad. No me quiero poner intenso, no es que pensara que iba a morir ni nada parecido, pero a veces estos susto te ponen en tu sitio, los pies en el suelo, la verdadera situación de frente.

Lo del café y el té lo hice de golpe, desde el primer día. Ha sido algo jorobado el sueño después de comer o un primer café por la mañana, pero cómo recortar el estrés fue un poco más duro de averiguar y conseguir.

Le dí vueltas un par de días y pensaba que tampoco soy un tio con una vida super intensa ¿no?. Es decir, padre de familia con dos hijos, programador, trabajo estable con una jornada normal y una vida bastante estándar a día de hoy.  Pero escarbando un poco me doy cuenta de que llevo más de tres años sin parar.

Primero llegó la época en que casi no dormía y estudiaba todo el día porque estaba formándome para ser programador, pero no supe o no pude echar el freno al conseguirlo. Durante mucho tiempo, y esto da para varias entradas, tuve la sensación de que aún no me lo había ganado, así que seguía con un ritmo un poco loco: trabajar de día unido a ejercer de padre de un niño pequeño y estudiar de noche para seguir formándome. Después rebajé un poco las horas de estudio pero llegaron los cursos como profesor, los hangouts de #LinuxIO y algún proyecto fuera del trabajo. Más tarde frené un poco, pero solo para seguir con los proyectos y meterme más que de cabeza en mis labores como colaborador en Mozilla Hispano. Y todo mientras llegaba el segundo hijo y sin querer renunciar, por suerte, a mi papel como padre. Prioridad número uno para mí desde el primer día.

Al final si uno echa la cuenta lo cierto es que los números no salen de manera muy natural así que, ahora lo veo claro, he hecho casi todo esto robándome a mí mismo hasta el último momento de tiempo libre, muchas horas al sueño, arañando minutos y solapando tareas de manera insana. No me quejo. Nadie me ha obligado y he disfrutado haciéndolo. Sin embargo me doy cuenta ahora de que no es sostenible y yo soy un bruto por no saber verlo y solo ser capaz de aprender a base de cabezazos.

Durante estos cerca de dos meses he levantado mucho el pie del acelerador. Mis compañeros en Mozilla Hispano entendieron perfectamente mi necesidad de echarme a un lado, al menos de manera temporal hasta estar recuperado y poder pensar en qué hacer después. He renunciado a varios proyectos y he sido muy insistente conmigo mismo para conseguir respetar mis horas de descanso. Me ha costado grandes esfuerzos desestresar, aprender a decir que no a muchas cosas por necesidad. Parece una tontería y no es que haya sido una esperiencia vital reveladora, pero cambiar de hábitos exige un montón de pequeños esfuerzos en el día a día para respetarte más a ti mismo. No es tan facil dejar de atender a la inercia. Porque la inercia implica en los cuerpos no modificar su estado de reposo o movimiento si no es por la acción de una fuerza. Y mi fuerza ha sido el susto.

El diagnóstico final del cardiólogo es que no solo no tengo soplo alguno sino que tengo un corazón fuerte de persona joven que hace deporte. Eso sí, parece por tanto que, según dicen, se confirma que aquellos sintomas que arrancaron el susto se debían a estrés y sobrecarga. Yo me quedo con el aprendizaje y voy a tomarme esto como un segundo aviso de que hay que girar el timón hacia donde lo estoy haciendo. Tomo la depresión que ya superé como el primero. Es hora de ver que en algunas cosas he puesto sin darme cuenta, porque no he sabido dosificar de otra manera, demasiado corazón y se lo he robado a aprenderme a mi mismo durante un tiempo.

Ahora sí, lo siento pero no hay vuelta atrás. Demasiado tiempo desatendiéndome a mi mismo. No significa que no volveré a colaborar con nadie o que jamás programaré fuera del trabajo, tampoco voy a engañarme a mi mismo, me implico con las cosas que me motivan y me importan. Significa que toca cambio de ritmo. No soy un viejo pero tampoco tengo veinte ni mis responsabilidades son las mismas. Algo fácil de entender pero dificl de asimilar.  Me lo debo, nos lo debo. A mí, mis amigos, mi familia y mi comunidad. Lo que quiera que todo ello signifique.

Y si, al final parece que me he puesto intenso hablando del tema. A ver si es que ahora me estoy tomando a mi mismo demasiado en serio.

Pablo Bernardo
Pablo Bernardo

Hola, soy Pablo. Soy programador frontend, padre, estudiante de zen y otras cosas. Para saber más, lee algunas entradas.