El crimen y la huida

Con la espada lista y la chaqueta bien cerrada bajó los dos pisos que le separaban de la calle.

Mirando al frente giró la esquina y se dirigió calle arriba. Sin violencia pero con decisión avanzaba abriéndose paso entre el gentío. Recorrió en menos de media hora todo el cauce del río que llevaba a la plaza de la iglesia. Era casi hora de que llegase la comitiva del desfile.

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Se zafó del tipo de una patada a la vez que los dos caían al suelo. El hombre trataba de gritar pero no podía.

Arrastrándose como pudo hacia atrás se hizo hueco para poder huir rápidamente. Entre los empujones de la fiesta nadie se había percatado todavía de lo que pasaba, pero la gente de alrededor no tardaría mucho en percibir al hombre que se desangraba en el suelo.

A pocos metros de distancia consiguió ponerse de pie y salir corriendo en dirección contraria a la que había llegado.

Al mirarse las manos vio que estaban llenas de sangre. Se las frotó fuerte por la casi y volvió a abotonarse la chaqueta para tratar de taparlo. Era sólo cuestión de unos minutos poder cruzar el puente para apartarse del jaleo y estar más tranquilo.

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No era un asesino experimentado. Le costaba esconder los nervios y la respiración agitada.

El sastre lo notó, pero no era persona de hacer muchas preguntas. Mientras le pagase bien por la ropa, no era asunto suyo lo que hubiese pasado con la anterior. Por suerte J tampoco era persona de dar muchas explicaciones, si no lo habría empeorado todo.

Adrina tenía razón, el hombre no era de fiar pero sí discreto. Recogió el dinero y le explicó dónde podía encontrarse con quien le daría un caballo para poder llegar salir de las tierras del Duque en menos de un día. Era cuestión de horas que la mitad de sus hombres le buscase y sería mejor llevarles mucha ventaja.

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J bajó del caballo en cuanto llegaron al río. Llevaba días sin poder lavarse. Bebió un poco y se frotó la cara con las manos mojadas.

Estaba desesperado. Sabía que con aquella puñalada en la pierna no podría seguir huyendo mucho tiempo y estando ya cerca del final del bosque, sería difícil poder esconderse.

Pablo Bernardo
Pablo Bernardo

Hola, soy Pablo. Soy programador frontend, padre, estudiante de zen y otras cosas. Para saber más, lee algunas entradas.