Lo que me dejé en Berlín

Hace unos cinco años que estuve en Berlín y me doy cuenta estos días de que allí me dejé algo olvidado.

Mi mujer y yo pasamos cinco días, después de otros cuatro por Londres y justo antes de volver a Mallorca.

Disfruté de aquel viaje como un niño. Caminábamos durante horas recorriendo la ciudad. Andabamos mucho, sabiendo a dónde pero no por donde. Marchando con destino pero sin ruta marcada descubrimos barrios y rincones de la ciudad que no estaban en los planes.

Dejándonos perder descubrimos un parque enorme, verde como pocos y dimos un paseo increíble. Sin saber que ibamos hacia allí, terminamos en un mercadillo dentro de una vieja nave industrial lleno de obras de jovenes artistas.

Por no tenerlo planeado, terminamos otra vez perdidos en una plaza en la zona oriental y comimos el mejor Kebab de nuestra vida. Y cuando menos lo esperábamos, un camarero español frente al hotel nos dió las señas de un pequeño kiosko bajo las vías donde comer el mejor curri bwurst de Berlín.

Vivimos unos días increíbles porque navegamos sin rumbo marcado, porque todo estaba por descubrir y poco estaba planeado.

Después llegaron los niños y creo que la obsesión de muchos padres de que podemos dejar poco espacio a la improvisación. Nos empeñamos, a veces porque no hay otra forma, de planificar casi cada minuto de la semana.

Nos pasa a todos, es la responsabilidad. Pero cuando sabes siempre lo que va a pasar, no queda tanto por descubrir.

En Berlín me dejé esa manera de saber viajar por la vida sin tener miedo a perderme. Trato ahora de recuperar esa falta de miedo. Quiero recuperar el amor por la incertidumbre y disfrutar del parque si me lo encuentro. Saber que todo sigue también cuando no todo encaja en los planes. Incluso cuando casi nada encaja.

Me lo dejé en Berlín, pero trato de volver a encontrarlo donde me encuentre.

Pablo Bernardo
Pablo Bernardo

Hola, soy Pablo. Soy programador frontend, padre, estudiante de zen y otras cosas. Para saber más, lee algunas entradas.