Nadie tiene fuerza de voluntad

Ayer comenté que tengo la teoría de que no existe eso que llamamos “fuerza de voluntad”, pero quedé en explicarlo y trato de ser hombre de palabra así que allá vamos.

No sé si es tanto que no existe, pero no me gusta el concepto porque pone la responsabilidad fuera de uno y además es engañoso. La gente habla de fuerza de voluntad como si fuese una especie de don otorgado por una entidad superior que algunos han tenido la suerte de recibir y otros no. Es común oir o leer frases como:

“qué suerte, a mí me gustaría hacer lo mismo, pero no tengo fuerza de voluntad”.

Eso es cómodo para excusarse pero si lo piensas friamente ¿de verdad crees que es cierto?. ¿Qué es realmente lo que no tienes?. ¿Es que has nacido sin algo que los demás tienen?. ¿Has hecho algo para ofender a tus dioses y te han privado de algún don?.

Cuando dices fuerza de voluntad ¿te refieres a la capacidad de mantenerte firme en tus decisiones y no caer siempre en lo fácil o más apetecible en el momento?. Creo que sí y para mí eso no es una cuestión de fuerza místicas. Es cuestión de claridad, determinación y coherencia.

Yo descubrí esto cuando entrenaba mi primera carrera de 10k para salir de una depresión. Era una locura para mí entrenar cinco días a la semana, hacer dieta estricta y hacer frente al demonio de la depresión. Al principio me quejaba yo mismo de la fuerza de voluntad que hacía falta para conseguirlo, pero al cabo de unas semanas emepecé a cambiar de idea. Me dí cuenta de que día tras día, lo que realmente estaba ocurriendo es que yo me plantaba conmigo mismo y decía:

Vamos a ver, si no vas a entrenar ¿te acerca o te aleja del objetivo?. Si te alejas ¿qué podría pasar?. Si te acercas ¿qué habrás conseguido?. Y después, es sólo cuestión de ser coherente con tu propia decisión, aceptarlo y seguir adelante. Dar los pasos necesarios y ser consciente de que eliges conseguirlo y renuncias a no hacerlo.

Por eso digo que la receta no se basa en tener fuerza de voluntad, sino en un plan basado en tres pasos:

  1. Claridad: Tener bien claro el objetivo que se quiere conseguir. Establecerlo con claridad meridiana y de manera que sea medible y evaluable el resultado. A ser posible con un tiempo de realización determinado.
  2. Determinación: Una vez establecido el objetivo, analizar los pasos que se tienen que dar y aceptar darlos aunque se nos pongan obstáculos en el camino. Sé lo que quiero conseguir y tomo la determinación de andar el camino que me lleva hasta ello.
  3. Coherencia: En el día a día aparecen mil situaciones en las que uno tiene que dar pasos que le están acercando o alejando del objetivo. Es el momento de observarlos de cerca, evaluarlos y ser coherente. ¿He decidido tomar un camino?. Genial, yo decido ser coherente con mis valores, mis principios y decisiones y seguir adelante. Tomo la decisión de no engañarme ni renunciar a mí mismo.

Al final es una cuestión de responsabilidad. Actuas de forma madura y asumes la victoria y la derrota de tu propia lucha. Cuando actuas así, no es tan importante si al final del camino no te espera la victoria absoluta, sino que cada paso lo habrás dado por decisión propia, sin rendirte a la facilidad del momento. Libertad y autonomía al fin y al cabo.

Pablo Bernardo
Pablo Bernardo

Hola, soy Pablo. Soy programador frontend, padre, estudiante de zen y otras cosas. Para saber más, lee algunas entradas.