Zen de naranja, Zen de limón

Hoy se usa la palabra Zen para todo: jabones, decoración, batidos, cremas, perfumes, cafés y mucho más. Cualquier cosa que se quiera relacionar con equilibrio, calma, elegante sencillez. Da igual que se trate de cuestiones estéticas, anímicas o artísticas. Todo se sirve del “Zen”.

No me parece algo necesariamente malo. Es normal dentro de la lógica del sistema comercial, que se apoya en imágenes para vender un producto que trata de recurrir a ellas para generar sensación de deseo hacia ese objeto. A mí personalmente, como digo, no me parece mal. Soy practicante de Budismo Zen hace nueve años y creo que esto no hace ningún mal a quienes lo practican. Evidentemente produce cierta imagen distorsionada sobre de qué estamos hablando cuando hablamos de Zen, pero eso creo que es algo secundario y pasajero. Entiendo a los puristas, pero no pienso igual.

¿Qué es Zen?

No me voy a poner metafísico, voy a hablar del origen de la palabra. Es lo que me interesa en este post, porque tiene relación con lo bueno que podría traer en realidad esta difusión del término.

El budismo surgió en la India, y allí se utilizaba el sánscrito como lengua en la cual meditación de dice Dhyāna. Y ahora ya puedes intuir por donde voy, de Dhyāna, en el viaje del budismo a China, la palabra pasó a ser Chan en chino y de ahí a Zen en japonés. Así que la meditación es lo que realmente me interesa aquí de esta reflexión.

Qué es la meditación en el Zen

Bien, en budismo en general se habla de práctica. Porque el budismo es en esencia una manera de actuar ante el mundo, pero en concreto el Zen mucho más que ninguna otra forma de budismo es especialmente práctica, práctica y práctica. Sin rodeos, directo a la práctica. Y especialmente meditación, entrenamiento mental. En cualquiera de sus formas.

Aclaro lo de las formas porque mucha gente imagina que meditar es sólo sentarse con las piernas cruzadas y los ojos cerrados, pero es una visión simplista. Por ejemplo, hablando de la parte puramente formal, en muchas escuelas existen formas de meditación sentada, caminando, cantos, mantras, trabajo zen … Pero fuera del aspecto formal, del rato que se dedica a meditar de manera formal, meditar es un proceso continuo de ser consciente y volver al momento presente.

¿Y a mí que me importa si no soy budista?

En primer lugar la meditación no es algo exclusivo del Budismo.

Y en segundo lugar, simplemente da igual. Yo soy budista. Ok, perfecto. Para mí eso implica muchas más cosas que el mero hecho de meditar. Ok, perfecto. Pero no tiene porqué ser lo mismo para tí. Y es por eso que sí te importa.

Más allá del budismo, la meditación es un proceso científicamente comprobado como beneficioso para el cerebro. Ayuda, como me gusta decir, a “tirar la basura” que acumulamos en la cabeza. Si, todo el mundo, también los escépticos que al leer esto pensarán que es una chorrada. Todo el mundo acumula toneladas de información y contenido emocional y dejar a la mente descansar y trabajar por un rato de otra manera ayuda a asimilar, relativizar, descansar y soltar lastre. Es curioso que nos limpiamos el cuerpo cada día pero a mucha gente le resulta extraño el concepto de limpiar la mente.

Dá igual que no quieras seguir una guía de implicaciones éticas o morales. Que creas o no en el concepto de la reencarnación o que te parezcan horribles las religiones. Hablamos de efectos en el cerebro que mejoran tu concentración, tu estado de ánimo, segregación de ciertas hormonas, relajación y capacidad de atención entre otras muchas cosas. Es como negar los beneficios del ejercicio físico porque odias el futbol.

Por eso digo que a mí me dá igual el uso y abuso del término Zen. Si alguien quiere más nociones sobre el significado del tema, el arte budista, saber algo de su historia, aclarar conceptos o lo que sea, estaré encantado de ayudarle en lo que pueda. Pero al que no quiera nada de esto también, a mí me da igual. Si alguien sólo llega hasta ahí y quiere sentirse bien, por mi parte contará con la misma ayuda. Para mí al fin y al cabo es lo importante. El beneficio y lo que traerá para los demás estará en lo que sientan y hagan.

Elige Zen de naranja o Zen de limón, Dhyāna de fresa o Chan de melocotón, pero pruébalo que no te hará mal e igual te llevas una sorpresa.

Pablo Bernardo
Pablo Bernardo

Hola, soy Pablo. Soy programador frontend, padre, estudiante de zen y otras cosas. Para saber más, lee algunas entradas.